Fundación Jiménez-Arellano cumple 10 años divulgando África de mano de la mejor colección española de arte subsahariano

0
347

Fundación Jiménez-ArellanoLa Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso cumple en 2014 diez años de vida y divulgación del continente africano de la mano de la mejor colección española de arte subsahariano, que reúne piezas desde el siglo VIII antes de Cristo hasta la actualidad.

Creada el 3 de mayo de 2004 a iniciativa del matrimonio formado por Ana Alonso y Alberto Jiménez-Arellano para perpetuar la memoria de su hijo fallecido, la Fundación desembarcó en la Universidad de Valladolid con más de medio millar de piezas artísticas de los cinco continentes entre las que destacan, por su calidad, las más de 200 esculturas en terracota de Áfricasubsahariana.

En concreto, se trata de obras elaboradas por las «más importantes culturas» que han trabajado este material y que, desde el siglo VIII antes de Cristo, se alejan del habitual imaginario sobre el arte africano: en vez de las esperadas máscaras, las salas del palacio de Santa Cruz que exhiben la colección lucen jinetes en terracota, piezas iconográficas de carácter religioso, funerario y ritual y objetos etnográficos de distintas culturas africanas elaborados con distintos materiales.

A este arte, que aún en la actualidad es objeto de investigación ya que las piezas se descubrieron a principios del XX y hasta casi finales de siglo, según lo ha precisado en declaraciones a Europa Press la directora de la Fundación, Amelia Aguado, se suma el que representa, esta vez sí, la idea colectiva sobre el arte africano.

Bajo el título ‘El Reino de Oku’, en el año 2012 desembarcó también en el palacio de Santa Cruz y por deseo del monarca de este territorio ubicado enCamerún más de un centenar de obras de los siglos XIX y XX que reflejan suhistoria y sus tradiciones y que permiten realizar un recorrido de siglos por la multiculturalidad de África.

«El valor artístico lo damos nosotros», explica Aguado, quien precisa que se trata de objetos útiles como máscaras o atuendos realizados con materiales que se degradan y que para aquella cultura mantienen su simbolismo y magia durante el tiempo que se usan.

EL OBJETIVO: DAR EL SALTO

A los fondos de arte africano la Fundación suma además más de un centenar de pinturas y esculturas de artistas españoles como Picasso, Miralles, Saura, Miró, Canogar, Chirino o Schlosser; obras de mujeres a partir de los 90 comoCarmen Calvo, Marina Núñez o Agnes Denes que, en muchos casos, «se están revalorizando», o pintura y escultura desde el siglo XVII, además de una serie de pequeñas obras de arte decorativo, muebles o arqueología industrial, una colección india, casi una veintena de terracotas chinas «muy valiosas» o arte precolombino.

Esta amalgama artística llegada de los cinco continentes busca, con motivo de su décimo cumpleaños, darse a conocer, y de mano del arte africano, la enseña de la colección, conseguir más visitantes –50.000 pasaron por sus salas el pasado año 2013– y mantener fieles a quienes repiten tras la sorpresa de la primera visita.

«Queremos que la gente conozca el arte africano, que vea lo que hay detrás, su simbolismo (…) buscamos que la gente sepa que tiene a su disposición una interesantísima colección de este arte», afirma Aguado, quien junto a Cristina Bayo y Oliva Cachafeiro conforma el equipo de la Fundación que, además de estudiar la colección, custodiar su biblioteca –casi 5.000 revistas y libros la integran–, trabajar en los préstamos de piezas o buscar nuevas paredes en las que exhibir el legado de la familia Jiménez-Arellano Alonso, diseña ahora los actos del décimo cumpleaños de la Fundación.

Es por ello que, a partir de febrero, todos los meses estarán dedicados a un tema y sobre él se difundirá todo lo que se ha realizado en sus diez años de trabajo; además, en el marco del festival ‘Miradas de Mujeres’ en marzo se ha organizado un «duelo» entre una obra de Marina Núñez y otra africana a los que se sumarán, en el ámbito de esta misma celebración, dos performances contemporáneas de mujeres y una conferencia a cargo del artista Abel Azcona.

La Fundación ha orientado gran parte de sus esfuerzos al programa educativo y aunque el público infantil, al que ofrecen talleres y visitas sobre distintos temas, es el principal –el programa educativo se orientó inicialmente sólo a centros escolares–, diseña también actividades para adultos y mantiene sus puertas abiertas a todos los colectivos, incluidos los de necesidades especiales, para quienes ha elaborado reproducciones de piezas que pueden ser tocadas y escrutadas.

Además, a la edición de nuevos folletos y hojas de sala en español, inglés y francés se suman, en la actualidad, los trabajos muy avanzados de las audioguías con el mismo fin: mantener la «fuerza» con la que comenzaron a trabajar tras la reapertura definitiva de las salas, que coincidió con el fin de la restauración del palacio de Santa Cruz.

«La colección es un recurso turístico importante», reconocen las tres integrantes de la Fundación antes de apuntar que, en este sentido, colaboran con el resto de instituciones de la ciudad, centros culturales y ONG ya que su labor supera el ámbito de lo artístico y persigue, además, dar a conocer la realidad de aquel continente.

Precisamente la investigación es uno de los pilares con los que nació la Fundación, que busca acoger a un mayor número de estudiosos de África y de su arte, tema poco habitual en el campo de la investigación pero que para las trabajadoras de la Jiménez Arellano Alonso tendría gran relevancia.

Por ello, su mensaje es una invitación clara a dejar de lado la impresión de «solemnidad» que suscita el palacio de Santa Cruz para, más allá de sus muros, entrar en sus salas y realizar un descubrimiento: el de su colección de arte africano y, de su mano, el de todo un continente convertido casi en un mundo.