Fekat Circus, un arma contra la desesperanza en Etiopía

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En las afueras de esta capital, donde el agua se turbia y los mendrugos escasean, unos chicos comenzaron en 2004 a hacer pequeños espectáculos callejeros; hoy Son Fekat Circus, un proyecto que da esperanza a decenas de jóvenes.
Acrobacias, mimos… lo que empezó como un juego se convirtió pronto en un arma contra la desesperanza que emplea a unas 30 personas, lejos ya de problemas que se multiplican: VIH, abandono, violencia contenida.

La iniciativa es ahora un lugar donde los chicos de las barriadas podían buscarse a sí mismos colgándose sobre un trapecio, haciendo girar las ruedas o enredándose entre las cintas.

Una parcela en una de las calles empinadas que llevan al Piassa, la zona más antigua de Addis Abeba, se convirtió en el hogar de los muchachos del circo. Una oficina, hoy repleta de fotografías de las troupes que dan la vuelta al mundo, sirve de administración y de refugio.

Pero más allá del éxito, Fekat Circus sigue siendo un lugar para nuevas generaciones sin otro sitio al que ir.

Enfrente, junto al patio delimitado por las planchas de colores que hacen de verja, hay unas colchonetas y unas cuerdas. Hace unos días trajeron un aparato nuevo, uno para practicar saltos.

‘Los chicos no han parado de usarlo’, explica Hanna Haile, una de las coordinadoras del programa. Dos muchachos, tan enjutos que parecen hermanos, con el mismo pantalón de chándal, con el mismo torso desnudo, no dejan de impulsarse: cuando uno sube, el otro baja.

‘Así es como aprendemos aquí: practicamos hasta que salga’, apunta Haile con una media sonrisa que asoma entre sus labios gruesos.

Los nuevos alumnos, un centenar cada año, tienen la fortuna de aprender de los veteranos: de Kya o Berhanu, al que todos aquí conocen como Doctor Clown por su papel de doctor sonrisa en el hospital materno infantil Black Lion.

‘Tratamos de enseñarles lo que sabemos’, afirma Kya, sin perder de vista a los chicos que siguen saltando.

Desde su creación, Fekat Circus ha mantenido su compromiso como circo social ofreciendo un programa formativo sin recursos. En este momento, hay 13 participando en las clases.

‘Le damos a la gente una oportunidad, les enseñamos valores’, continúa Berhanu, ‘les enseñamos lo que significa esforzarse para alcanzar una meta’.

‘Al principio’, confiesa Haile, ‘no nos miraban bien porque sabían que proveníamos de áreas marginales, pero les hemos ido convenciendo con nuestros espectáculos. Son actuaciones únicas, diseñadas aquí, en su propio país: les mostramos la cultura etíope como no la habían visto nunca antes’.

La enfermedad arrebató a Berhanu la vida a sus padres. Los profesores del orfanato en el que vivía lo llevaron a ver aquellas acrobacias que hacían unos chicos del barrio.

Hoy es una de los artistas más populares del circo. ‘Me visto de doctor y me acerco a ellos como lo haría su médico’. Muy serio, ‘les pregunto, ¿cuántos pedos te has tirado hoy?’ Los niños se parten de risa’, relata. ‘Eso y lo de comer cristales’, añade, ‘es lo que más gracia les hace’.

El programa, inspirado en la idea de construir una sociedad mejor que siguen también las actividades lúdicas organizadas por Fekat en orfanatos y prisiones en Addis Abeba, intenta crear un ambiente más agradable para los pequeños. Un ambiente que les ayude en su recuperación.

‘Los doctores’, afirma Berhanu, ‘curan enfermedades. Nosotros curamos esa parte que los médicos no pueden sanar’.