Etiopía, tras la búsqueda de sus tesoros robados

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Por Richard Ruíz Julién
País de leyendas, aunque también de hermosas y contrastantes realidades, Etiopía y sus historias se presentan sorprendentes para cualquier viajero, investigador o amante de lo exótico.

En este país del Cuerno de África hasta esos mitos más descabellados parecen creíbles. Esta es la tierra del Preste Juan, el legendario y esquivo rey cristiano que creó un reino donde estaba la fuente de la eterna juventud. Es también la de la reina de Saba, de la que supuestamente descendían todos los emperadores hasta Haile Selassie.

En Etiopía hay culturas y pueblos que viven todavía en la prehistoria pero también castillos de estilo europeo, monasterios excavados en roca a los que solo se llega escalando verticales paredes, las míticas fuentes del Nilo e incluso un templo donde se guarda, cuenta la leyenda, el Arca de la Alianza.

Esta historia comienza hace más de 150 años, cuando lo que por entonces era Abisinia aún contenía muchos de esos tesoros que alimentan la fantasía de más de un lector o visitante.

Fue en aquella época, exactamente en 1868, que el ejército de Reino Unido llegó aquí, lo que marcó el triste desenlace de años de tensiones y negociaciones fallidas debidas a la toma de prisioneros europeos por parte del emperador etíope Teodoro II.

Desesperado, la mañana del 13 de abril, cuando escuchó al ejército en la lejanía, Teodoro tomó el revólver que años antes le había obsequiado la misma reina británica Victoria, lo colocó en su boca y disparó.

No obstante, antes de refugiarse para luego quitarse la vida en su fortaleza de Magdala, el monarca había reunido los mejores manuscritos del país para una biblioteca y una Iglesia que pensaba construir.

Los británicos no se quedaron con Etiopía ni mucho menos, pero tras aquellos eventos aprovecharon para saquear más de un tesoro de los que contenía la colección de Teodoro; el más emblemático es la que fuera corona real del emperador, una exquisita joya de 1740 de orfebrería en oro y aleaciones de plata y cobre.

No es sino hasta el presente, y ya después de una década de reclamos por parte del gobierno etíope, que todos esos artículos, albergados por siglo y medio en el Museo Victoria & Albert (V&A), de Londres, podrían regresar a su tierra de origen.

Aunque en un primer momento no se trataría de una devolución en toda regla, sino de un ‘préstamo a largo plazo’, aún los términos están en la mesa de discusión, pues Addis Abeba pidió la restitución permanente.

De cualquier forma, según expertos, el gesto británico simboliza un cambio de mentalidad ante las demandas de los países que vieron su patrimonio expoliado a lo largo de la historia, en línea con la reciente proclama del presidente francés, Emmanuel Macron, de que esa herencia cultural ‘no puede ser rehén de los museos europeos’.

Tristam Hunt -un historiador que abandonó su escaño en las filas parlamentarias laboristas para tomar las riendas del V&A- brindó su oferta coincidiendo con el estreno de una exposición, dedicada a esa colección de piezas saqueadas por el imperio británico en 1868.

Subastados con el objetivo de recaudar fondos para el ejército, esos tesoros acabaron engrosando los fondos de un ramillete de museos de Inglaterra, entre ellos el V&A, pero también la British Library y la biblioteca del castillo de Windsor.

La palabra ‘restitución’ (pronunciada meses atrás por Macron al aludir a los objetos expropiados por los franceses en África durante el periodo colonial) no pertenece todavía al vocabulario de Hunt. Un préstamo a largo plazo ‘sería la vía más rápida si Etiopía quiere disponer de esas piezas’, declaró el director del museo del barrio de Kensington, subrayando que su devolución, sin más, plantea dificultades legales y ‘la cuestión filosófica del cosmopolitismo en las colecciones museísticas’.

Los dos principales obstáculos que debería sortear tal operación son hallar una ubicación adecuada para las piezas de Magdala, una vez enviadas a Etiopía (el Museo Nacional en Adis Abeba no cumple por el momento los requisitos de seguridad y conservación) y, sobre todo, las garantías de su futuro retorno al Reino Unido.

En tanto, la exigencia presentada una década atrás por los etíopes para que los británicos le devolvieran sus tesoros entronca con las muchas demandas desde otras naciones objeto del expolio histórico, que tienen su máximo exponente en el legendario pleito entre Grecia y el Museo Británico en torno a los mármoles del Partenón.

Sin embargo, un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Etiopía, dejó claro que no espera menos que el regreso definitivo de los artículos, y que peleará hasta el fin por conseguirlo.

‘Corresponde a una institución como el Victoria & Albert exponer el pasado imperial y mostrarnos abiertos a la historia y a sus interpretaciones’, indicó el historiador William Really a la publicación especializada The Art Nespaper, ‘y, aunque sea complicada y plantee muchos retos, debemos hacerlo sin miedo’.

Mientras tanto, el destino de los manuscritos, un cáliz de oro, varias cruces procesionales y joyas imperiales, y hasta los retos de un príncipe, Alemayehu, heredero al trono que fue trasladado a Reino Unido también en 1868, después de la batalla de Magdala, y nunca más volvió a ver a su nación, sigue en un limbo, sin saber dónde descansarán finalmente, si en el país que le adoptó por la fuerza, o en la Etiopía que conoció sus años de gloria.