El Tánger más secreto contado por sus artistas

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ciudad de TángerLa ciudad de Tánger esconde hasta para los mismos tangerinos edificios históricos desconocidos que han salido a la luz gracias a una original iniciativa con el fin de acercar el arte a la población.

Las mazmorras del Palacio Real, el Consulado de Francia, una sinagoga y tres mansiones privadas se convirtieron el domingo, por espacio de un solo día, en escenarios donde pintores, escultores, músicos, poetas y videoartistas (treinta en total) dejaron ver la vitalidad de la ciudad del Estrecho.

Cinco inquietos tangerinos de varios horizontes y amantes del arte y el patrimonio han creado una asociación llamada Etre ici (Estar aquí) para quitar las muchas capas de mugre y olvido que envuelven esta ciudad y han elegido seis edificios que consideran emblemáticos.

Hubo que convencer a la comunidad judía tangerina para que abriesen una sinagoga que llevaba décadas desacralizada; al Consulado de Francia para que diera paso al gran público, o al ministerio de Cultura para que permitiese transformar una lóbrega prisión en un improvisado espacio de arte.

Una sinagoga sin fieles y una prisión sin reos, ¿por qué no transformarlos en espacios culturales y recreativos, con las puertas siempre abiertas? Sería un excelente ejemplo que podrían seguir otros edificios y que serían así restituidos al público, reflexiona Nacheda Jilali, una de las responsables de la iniciativa.

En la sinagoga, dos actores leyeron textos contra el racismo, y más concretamente el racismo en Tánger, mientras que en la prisión, sus muros se convirtieron en pantallas donde se proyectaban vídeos y fotografías.

En cuanto al Consulado francés, prestó sus lujosos pasillos y jardines para desperdigar esculturas modeladas a partir de puertas desechadas de automóviles de una conocida planta de montaje local.

Lo más significativo es que estos tres lugares cuentan a su modo distintas historias de un Tánger que brilló en la primera mitad del siglo XX, donde se ofrecían suntuosas recepciones diplomáticas y la comunidad judía era una de las más florecientes del Mediterráneo, donde los presos purgaban penas a pocos metros de los dominios del sultán.

Pero al «recorrido artístico» también se han sumado tres edificios privados, propiedad de personas que han querido abrir sus viviendas para dar a conocer al visitante lo que Tánger guarda tras los muros de la calle y animar así a que el rico patrimonio de la ciudad no desaparezca, como sucede con demasiada frecuencia.

Los franceses Frederic Soulié y Sophie Ray, por ejemplo, compraron hace dos años la villa Mimi Calpé, edificada en 1860 en «estilo Napoleón III«, y se instalaron con sus cuatro hijos en la parte baja de la medina, cerca del puerto, para ir restaurando pacientemente este lugar en el que en sus buenos tiempos se codeaban nobles y artistas de varias naciones.

El empeño de los Soulié es encomiable, pero no ha impedido que la villa situada justo debajo de ella y construida en la misma época haya sido pasto de las excavadoras para levantar en su lugar un anodino edificio.

«No tenemos reglamentos ni sanciones que protejan nuestro patrimonio», se lamenta la arquitecta Itaf Benjelloun, también impulsora de la iniciativa, que aspira a lanzar la voz de alarma sobre todos los edificios en peligro de desaparecer por la voracidad urbanística.

Distinta es la intención de Tarek Akerboun, heredero de un inquieto mecenas y depositario de un palacio venido a menos en la Alcazaba, que recibió al pintor Francis Bacon y al músico Randy Weston, y donde incluso en 1989 los Rolling Stones -jura Tarek- grabaron un tema de su disco «Steel Wheels».

Mientras Tarek habla, un músico toca el laúd para los presentes en esta jornada abierta a todos, y un pintor permite que los niños se acerquen y jueguen con los colores.

Tarek quisiera que el palacio figurase de nuevo en «el circuito» de artistas, de músicos y pintores, y lo ha logrado por un día, pero la continuidad del proyecto depende de muchas cosas, también de cómo Tánger atraiga a los artistas de todo el mundo como una vez lo hizo.

De momento, la ciudad parece concentrada, casi obsesionada en sus planes de crecimiento, su tren de alta velocidad, sus carreteras de circunvalación, su megapuerto comercial y otras obras faraónicas. El empeño de recuperar edificios antiguos, ¿a quién más le puede interesar?.