El mayor puerto negrero de Brasil busca ser declarado patrimonio universal

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Cais do Valongo 2El Cais do Valongo, un extinto puerto de la ciudad brasileña de Río de Janeiro que recibió cientos de miles de esclavos y del que resta una excavación arqueológica, podrá ser declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2016, según los expertos que impulsan su candidatura.

Los miembros del comité de expertos que trabaja para convertir el muelle del Valongo en patrimonio universal dijeron a Efe que la previsión es que ello pueda ocurrir en el primer trimestre de 2016.

En noviembre del año pasado el organismo de Naciones Unidas ya reconoció el lugar como Patrimonio de la Diáspora Africana.

El Muelle del Valongo, o Cais do Valongo, fue una estructura portuaria construida en 1811 y utilizada fundamentalmente como punto de entrada, selección y venta de centenares de miles de esclavos procedentes de África.

Remodelado a mediados del siglo XIX para recibir a la princesa Teresa María Cristina de Borbón, prometida del entonces futuro emperador Pedro II, y soterrado años después, hoy es un yacimiento arqueológico de incuestionable importancia en la historia de Brasil.

El reconocimiento del muelle como símbolo de la lucha contra la esclavitud y al mismo tiempo de la contribución de los africanos a la formación y la cultura de los pueblos de América son las bases sobre las que se asienta la solicitud a la Unesco.

«El reconocimiento de Cais do Valongo es, en cierta manera, una reparación histórica de carácter oficial», dijo a EFE Ivo Barreto, superintendente del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (IPHAN), que integra, junto a la municipalidad de Río, el comité de la candidatura.

Para Barreto, «reconocer un bien que tiene una relación tan íntima con la cultura en Brasil y presentarlo a la Unesco como patrimonio universal, representa un cambio de paradigmas, y de hecho Cais do Valongo tiene un valor especial porque orienta la política de manera diferente. Y eso es -dijo- lo queremos nosotros».

A favor del muelle pesa también el hecho de ser el único de estas características del que quedan restos en América.

El antropólogo Milton Guran, que coordina el equipo de trabajo, explicó a Efe que «hay muchos sitios en África que representan la memoria del tráfico marítimo de esclavos por el Atlántico, pero de este lado no queda más que el Cais do Valongo, y eso tiene un valor simbólico muy grande para toda la diáspora africana y para el pueblo de Brasil en particular».

«Un ejemplo interesante de lo que debemos a los africanos es el portugués, nuestra propia lengua, porque hasta el siglo XVIII lo que se hablaba aquí era la lengua general que los jesuitas elaboraron a partir del tupí guaraní. Los esclavos eligieron, para comunicarse entre sí, la lengua de sus amos, y en ciudades como Salvador o Río de Janeiro, donde la población negra era mayoritaria, el portugués se quedó para siempre», agregó.

Según Barreto, «al Muelle del Valongo no llegaron esclavos de una sola África, sino de una serie de áfricas que en Brasil se unificaron de forma sincrética; se encontraron y, a través de esa unión, produjeron su gran aportación a la cultura brasileña».

Para Celina Rodrigues, presidenta del centro cultural Pequeña África, como se denomina la región portuaria en la que se encuentra tanto el muelle del Valongo como comunidades de descendientes de esclavos como Pedra da Sal, una de las cunas de la samba, la excavación arqueológica «provoca escalofríos y ganas de llorar».

Rodrigues, que también oficia como «Mãe de Santo» en la religión candomblé y que no oculta su emoción ni sus lágrimas cuando mira las piedras que restan del muelle, cuenta que su tatarabuelo, que sobrevivió a la travesía por el Atlántico, fue sacado del barco y vendido a un amo en Cais do Valongo.

«Este lugar para mí lo representa todo: la herencia, la música, la energía, la espiritualidad… la vida», afirma, al tiempo que sonríe y dibuja unas comillas en el aire cuando se le pregunta por el fin de la esclavitud. «Ahora en Brasil la esclavitud está generalizada, no es solo la de los negros», exclama.

Y se queja porque pensó que el hallazgo de los restos del muelle, en unas obras en 2011, «abriría las puertas a una mayor identificación, un mayor diálogo racial, aunque parece que están tímidos para llamarnos».

Brasil es el país con mayor número de negros y mulatos fuera de África, que representan al 51% de la población, según el Censo de 2010.

La declaración del muelle como patrimonio universal, para Guran, es «una oportunidad de limpiar y de poner por delante la discusión de nuestros orígenes africanos, porque, mayoritariamente -aclaró- somos afrodescendientes, pero persiste en Brasil un racismo residual a pesar de tener una de las legislaciones antirracistas más severas que conozco».