El cine africano intenta en Luxor vencer barreras e ir más allá de sus raíces

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cine africanoLos problemas de distribución y la búsqueda de una narrativa propia han salido a relucir en el festival de cine africano de Luxor, que acaba hoy tras la proyección de unas 80 películas intentando superar los tópicos sobre ese continente.

Durante más de una semana, esa ciudad del sur de Egipto ha acogido el certamen, en el que se ha rendido tributo al actor egipcio Mahmud Abdelaziz, al estadounidense Danny Glover, y al director de Guinea-Bisáu Flora Gomes.

La cinta de este último “La república de los niños” (2012), protagonizada por Glover, fue la encargada de inaugurar la muestra con una reflexión sobre cómo un grupo de menores se gobierna a sí mismo cuando los mayores los abandonan huyendo del conflicto.

Con bastantes películas de tipo “amateur” y escasas de presupuesto, la tercera edición del festival es algo que, pese a todas sus imperfecciones, Egipto “necesitaba” como país africano que es, dijo a Efe uno de los participantes, el cineasta marroquí Hasan Benjelloun.

“Este año hemos recibido unas quinientas películas para participar en el concurso”, donde están representados 41 países, explica el director del festival, Sayed Fuad.

Los vencedores del festival fueron, al lograr los máximos galardones, la película “The Pardon”, una historia de Joel Karekezi sobre la guerra civil enRuanda, y el documental egipcio “Doaa Aziza, de Saad Hendaui”.

Fuad no duda en calificar de “próspera” la producción cinematográfica enÁfrica, con nuevas temáticas tan variadas como el fútbol, la inmigración o la guerra.

Sin embargo, reconoce que esos trabajos sufren problemas para su distribución y deben vencer el desconocimiento entre el público.

Así se explica en parte la baja asistencia al festival de los ciudadanos de Luxor, que actualmente está atravesando una grave crisis ante el desplome del turismo y las turbulencias políticas.

“Estamos intentando crear una audiencia” con pases gratuitos, proyecciones en lugares públicos y talleres para aprender la técnica cinematográfica, apunta el responsable del certamen.

El director tunecino Ahmed Jlassi tiene claro que deben encontrar otros espacios para llegar a la audiencia en África, como hace cuando recorre su país natal proyectando sus trabajos a las comunidades locales para vencer la “frustración” que produce no poder llegar a la gente en la que se inspira.

Contra los “clichés y etiquetas” que rodean el cine africano se rebela también su compatriota Neyib Belkadhi, que compitió en la categoría de largometrajes de ficción con su obra “Bastardo”.

“No hablamos solo de mujeres o asuntos sociales“, enfatizó Belkadhi, que ve una saturación en la industria cinematográfica en general, al tiempo que confía en las oportunidades que da la tecnología y el futuro de los canales alternativos vía internet.

Los africanos no son los únicos en preocuparse por el cine que retrata de alguna forma ese continente.

Entre los realizadores occidentales que compitieron en el festival de Luxor están los españoles Paula Palacios, con una película sobre dos chicos somalíes atrapados en una cárcel ucraniana; Miguel Alcantud, con una historia de jóvenes talentos del fútbol; o Unai Arazandi, con otra sobre exmilicianos congoleños.

“A nadie le interesa el cine africano en general; a Europa, en absoluto, y creo que tiene que ver con que ahora mismo al ser humano le da un poco igual lo que está pasando con la miseria”, afirmó Palacios.

Con una gorra que promociona su cinta “Durban poison”, basada en una investigación criminal, el sudafricano Andrew Worsdale instó a salirse de los circuitos tradicionales, “conforme a una determinada agenda”, y a desarrollar un mercado que interese, en primer lugar, a los africanos.

Worsdale, que también ha escrito para la revista especializada Cahiers du Cinema, subraya el potencial que existe en ese continente.

Y no se olvida de la figura del fallecido expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela, cuya imagen ha sido tomada para el cartel del festival y quien, en su opinión, demostró las “responsabilidades” que tienen los propios africanos entre ellos.