Egiptología 2016: Tras una elusiva Nefertiti

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tutankamon-escaneoPor Manuel Vazquez

Unas decenas de periodistas esperanzados… frustrados, junto a potenciales millones de lectores que quedaron en vilo, fue el resultado del más reciente escaneo de la tumba de Tutankamón en busca de cámaras ocultas que pudieran albergar la momia de la reina Nefertiti.

“No existe resultado final aún”, fue la frase lapidaria del ministro de Antigüedades de Egipto, Khaled El Anani, quien así enfrió los ánimos al inicio de una conferencia de prensa realizada el 1 de abril frente al sepulcro del llamado Rey Niño, en el Valle de los Reyes, Luxor (antigua Tebas).

De esa manera se abrió, una vez más, un periodo de espera -aunque ahora con fecha límite- para conocer si realmente la tumba de Tut es parte de un sepulcro previo de mayores dimensiones.

Horas antes de su encuentro con los periodistas, un grupo de expertos egipcios y de National Geographic (que, no faltara más, se sumó al proyecto) habían acumulado una gran cantidad de datos a partir del registro del sondeo horizontal de las márgenes del sepulcro con ondas de radar en las bandas de 400 y 900 mHz.

La elección de esas frecuencias permite, por separado, observar dentro de la roca hasta una profundidad de cuatro metros, con relativamente baja resolución, o sólo un metro, pero con mucho mayor detalle.

Se esperaba así obtener un nivel de conocimientos de la geología inmediata al sepulcro mucho mayor que la que proveyó el equipo del experto japonés Hirokatsu Watanabe, cuyos trabajos a fines de 2015, no parecen haberse destacado por su refinamiento, a la luz los actuales acontecimientos.

A lo sumo permitieron albergar en el ahora exministro de Antigüedades, Mamdouh Eldamaty, una certeza -¿matizada por las esperanzas?- del 90 por ciento de que tras las paredes norte y oeste de la cámara mortuoria de Tut existen espacios huecos que contendrían “materiales orgánicos y metálicos”.

Los resultados de Watanabe nos estimularon a proseguir las investigaciones, aseguró sucintamente el arqueólogo británico Nicholas Reeves, de quien fuera la idea original de que la tumba de Tut se construyó en parte de una anterior, de Nefertiti.

LA IDEA DETRÁS DEL TODO

Nicholas Reeves, quien en estos momentos trata el tema con “su” tercer ministro egipcio consecutivo de Antigüedades, sostiene que Nefertiti (1370-1330 A.N.E.) reinó bajo el nombre de Smenkare en el periodo inmediato a la asunción de Tutankamón, por lo cual “desapareció” súbitamente de los registros históricos.

Ante la temprana e inesperada muerte de Tut los 19 años, tras sólo 10 de reinado, argumenta, los sacerdotes del Valle de los Reyes (donde se inhumaban los monarcas) tuvieron poco tiempo para buscar una tumba adecuada, pues disponían, según los ritos faraónicos, de sólo 70 días.

Por ello, estima como posible Reeves, se decidieron adaptar la tumba de Nefertiti; aunque ahora, en la conferencia de prensa, evitara diplomáticamente referirse a si ha disminuido su esperanza de ver corroborada su idea desde el comienzo de los trabajos con Watanabe.

Sin embargo, arqueólogos egipcios consultados por Prensa Latina tienen el criterio, a partir de la documentación histórica disponible, de que es altamente improbable que el sepulcro original perteneciera a Nefertiti.

Una tumba real para esa faraona debería tener, al menos, dimensiones equivalentes a las de otras de personalidades que se excavaron en el Valle de los Reyes (que alcanzan cientos de metros bajo la superficie).

Si los sacerdotes se decidieron (hace mil 300 años) a utilizar una verdadera tumba real preexistente, la cavidad escogida para inmortalizar los restos de Tut debería poseer dimensiones mucho mayores, estiman.

EL PRÔXIMO PASO

Con el triunfalismo inicial apagándose progresivamente a favor de la mesura, ahora las autoridades egipcias escogen un discurso cauto sobre los objetivos de los trabajos en curso, evitando anuncios sobre sorprendentes revelaciones.

“No estamos buscando cámaras ocultas, estamos tras la verdad”, se limita a decir El Anani.

De esa manera, los datos recopilados en el más reciente sondeo con radar, calificados por el Ministro como con excelente calidad, y que revelan “anomalías”, se procesarán durante unos 10 días para obtener una reconstrucción tridimensional (3D) del entorno tras las paredes oeste y norte de la tumba.

Luego, y tras otro escaneo -vertical- con radar, el 10 de mayo se realizará una conferencia internacional de expertos en El Cairo para debatir los resultados y planificar eventuales pasos subsiguientes.

Debemos estar seguros al 100 por ciento de la existencia de espacios vacíos tras las paredes del sepulcro de Tut antes de dar el siguiente paso, comentó Eldamati.

Pero, en todo caso, enfatizó, las exploraciones físicas que se acometan no dañarán ninguna parte de la tumba.

Sea cual fuere el devenir de las investigaciones, el eventual “descubrimiento arqueológico del Siglo XXI”, como llegara a calificarlo Eldamati, deberá esperar otro mes ante de mostrarse definitivamente como lo que pueda ser.