Dos exposiciones evocan de manera crítica el colonialismo español en África

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Dos exposiciones evocan en Barcelona desde una mirada crítica el pasado colonial reciente de España en África, mostrando la realidad de los soldados de leva destinados en Ifni y la vida en la Guinea Española durante el franquismo.

En el Museo Etnológico y de Culturas del Mundo-Montcada se exhibe la exposición «Ifni. La mili de los catalanes en África», centrado en el pequeño e indómito enclave español en la costa meridional de Marruecos, no muy lejos de la colonia del Sáhara, que fue el destino inesperado de miles de soldados de leva a lo largo de tres décadas.

Ocupado durante la Segunda República, en 1934, el territorio no disponía de recursos naturales importantes ni tampoco de un papel estratégico en el concierto internacional que pudiera justificar una ocupación prolongada hasta la retrocesión a Marruecos en 1969.

Menospreciado por el lobby colonial catalán y español y casi inaccesible, el presidio de Ifni, verdadero penal al final de la Guerra Civil, aconteció «el escenario ideal para la exhibición de los desvaríos imperiales de las élites militares del Estado, y a la vez lugar donde acabaron a lo largo de los años una muchedumbre de reclutas que efectuaron allí su servicio militar», apuntan los comisarios de la exposición Eloy Martín Corrales, Alberto López Bargados y Khalid El-Mansouri.

La exposición explora la experiencia ambivalente vivida por los jóvenes catalanes que fueron soldados de leva destinados en Ifni por el azar de un sorteo y que les enfrentó a partir de 1957 al trauma de una guerra de liberación censurada por el régimen franquista y, a partir de 1958, a la tensión propia de un armisticio que se mantuvo hasta el abandono definitivo de la colonia.

Las descolonización de Sidi-Ifni no se llevó a cabo hasta 1969, por presiones de la ONU.

Tomando como eje la memoria compartida por los antiguos veteranos catalanes, sus historias de la mili en África, Ifni invita al espectador a adentrarse en «unos relatos personales atravesados por el rencor y la nostalgia, testigos configurados alrededor de un pliegue de reivindicaciones que permanecen desatendidas quizás porque ponen el foco sobre un pasado incómodo que casi nadie quiere recordar», denuncian los comisarios.

La segunda de las exposiciones se podrá ver hasta el próximo mes de noviembre en el Memorial Democrático de Cataluña bajo el título «Guinea. El franquismo colonial», comisariada por el historiador, antropólogo y periodista Gustau Nerín.

Esta exposición, comenta Nerín, explica que «el régimen franquista impuso a la colonia de Guinea Ecuatorial la ideología nacional-católica.

La Guinea Española, que fue colonia de España entre 1858 y 1968, sufrió la represión inherente a la dictadura franquista, como el resto de territorios del Estado.

Las poblaciones de la Guinea estuvieron sometidas a un régimen antidemocrático: «se les impuso la ideología nacional-católica, se los sometió al dominio de los militares, no se les permitió estar representados en las instituciones, pero su situación se vio agravada por el hecho colonial».

Como casi todos los africanos, los guineanos fueron sometidos al dominio europeo en el siglo XIX e incluso durante la República sufrieron la falta de derechos, pero «el franquismo agravó una situación marcada por el racismo, que conducía a la discriminación, a los maltratos y a la explotación económica».

Los habitantes de Fernando Poo (Bioko), Río Muni (Región Continental ecuatoguineana) y Annobón, los tres territorios de la Guinea Española, no solo fueron víctimas del franquismo, sino que al final han sido «sus víctimas más olvidadas», denuncia el comisario.

En la Guinea colonial los altos cargos estaban a menudo implicados en cuestiones privadas de la propia posesión que les proporcionaban grandes beneficios y, según Nerín, que vivió en Guinea Ecuatorial como profesor en la universidad nacional y en el Centro Asociado de la UNED en Bata, «aún no se sabe con certeza si los altos responsables franquistas, entre ellos Carrero Blanco, tenían participación en ALENA, la gran empresa colonial».