Descifran conjuros egipcios para obtener sexo, amor y placer

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papiros-egipciosEgiptólogos italianos descifraron dos papiros milenarios con conjuros para conseguir sexo, amor y someter la voluntad, de acuerdo con la revista Live Science.

Los hechizos, según el investigador Franco Maltomini, al frente del estudio, fueron redactados para que cualquier persona pudiera emplearlos hace más de mil 700 años.

Los textos, escritos en griego, incluyen una serie de «palabras mágicas» y pasaron inadvertidos durante más de un siglo en las estanterías de varios museos, ahora fueron descifrados en la Universidad Udine en Italia.

Uno de los papiros pretende «hacer arder el corazón» de una mujer hasta que se enamore de la persona que pronuncie el hechizo.

Maltomini subrayó que el conjurante debía escribir en las paredes de una «casa de baños» el siguiente texto: «Yo les conjuro, agua y tierra, por el demonio que habita en vosotras».

«Conjuro la fortuna de este baño de manera que, a medida que ardeis y quemais, quemeis a (la mujer a la que quieras hechizar) nacida de (el nombre de la madre) para que venga a mi», continuaba.

El ritual se completaba nombrando a varios dioses y pronunciando palabras mágicas.

El otro texto tenía la capacidad, según los escribanos, de someter a los hombres a las mujeres.

Para lograrlo, la interesada debía grabar en una pequeña placa de cobre varias palabras y, posteriormente, coserla a una prenda de la «víctima».

«Somete a (nombre del hombre) nacido de (nombre de su madre)», era la frase a escribir.

En la parte posterior de los papiros se completa una lista de recetas basadas en el uso de excrementos animales para tratar una amplia lista de afecciones, entre las que se incluyen dolores de cabeza y lepra.

Otras se dicen capaces de «promover placer», y entre las más sui géneris se encuentra la que recomienda combinar miel y excrementos de aves en salmuera para conseguirlo.

Los manuscritos son copias de originales que datan del siglo III después de Cristo y, fueron hallados hace más de 100 años en Oxirrinco, Egipto, por los arqueólogos Bernard Grenfell y Arthur Hunt.