Chucho Valdés eleva 32 Festival Internacional Jazz Plaza de Cuba

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Chucho Valdes inaugura el 32 Festival Internacional de Jazz Plaza, Teatro Mella, La Habana, Cuba.
Chucho Valdes inaugura el 32 Festival Internacional de Jazz Plaza, Teatro Mella, La Habana, Cuba.

A la manera del legendario pianista Chucho Valdés comenzó en Cuba la 32 edición del Festival Internacional Jazz Plaza, la gala inaugural admite solo dos calificativos: histórica e irrepetible.

El propio Valdés lo predijo cuando aclaró: esto es sin ensayo, si lo hacemos mil veces, mil veces quedará distinto.

Segundos después irrumpió el trompetista estadounidense Terence Blanchard como si el instrumento fuese otra extremidad del cuerpo, mientras su coterráneo Christian McBride, mediante pizzicato en el contrabajo, establecía el pulso rítmico ideal para que dialogaran los tres.

Valdés, Blanchard y McBride compartieron la escena por primera vez y el resultado fue un diálogo soberbio, una jam sesión de altos quilates que empezó con Blue Monk, un tema del gran Thelonious Monk, pianista y compositor estadounidense de jazz con un don especial para la improvisación.

Vestido con una boina y traje azul, el pianista cubano, acreedor de cinco Premios Grammy y tres Latin Grammy, reconoció que Blanchard, ganador de seis Grammy, y McBride, distinguido con tres, tienen un legado en el jazz pese a ser jóvenes.

Los tres músicos simplemente se entregaron al disfrute la víspera en un concierto en el Teatro Mella de esta capital que terminó casi a la medianoche.

Nadie definió a Valdés mejor que la diva del Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, cuando exclamó jocosa: ‘tiene muchos dedos’.

Esta es la impresión que transmite ese genio del piano y la composición con sus contrastes de velocidad sobre el teclado y una facilidad extraordinaria para imbricar blues, ritmos afrocubanos e influencias clásicas.

Los amantes de la música de concierto aplaudieron efusivos la cita al Concierto para piano número dos, Opus 18, de Serguéi Rajmáninov, y todo el público sucumbió al encanto de un tango-blues que escribió para su esposa argentina, Lorena.

Su tema Pilar dejó apreciar al compositor más lírico, romántico, que minutos más tarde bailaba desde su asiento al ritmo de los tambores batá, pues merecen destaque sus músicos acompañantes, un bajista y dos percusionistas, cada uno de ellos virtuoso por sí mismo, pero entregados a la comunión.

Portuondo hubiese podido cantar toda la noche, potencia tiene de sobra, a los 86 años de edad se le observa muy cómoda pasear por un repertorio que parece creado para ella.

Acompañada de Valdés al piano, con la interpretación de Novia mía, de José Antonio Méndez; Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz; Dos gardenias, de Antonio Machín; y Bésame, de Consuelito Velázquez; demostró por qué conserva el apelativo de ‘novia del filin’.

El espectáculo cosechó numerosos aplausos de un público tan consciente del hecho histórico que cientos de personas prefirieron verlo de pie, o sentados en cualquier cacho de piso, con tal de no perdérselo.