Angoleños festejan huella cubana en sus vidas

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Transcurridos 40 años, volvieron a unirse en esta capital cientos de angoleños, ingenieros, médicos, economistas, maestros, periodistas, empresarios, funcionarios públicos, para festejar la huella de Cuba en sus vidas.

‘Quién diría que estaríamos juntos después de tantos años’, escribieron los organizadores en la tarjeta de invitación, cuya portada muestra las insignias de ambas naciones y la silueta de un sitio querido: La Isla de la Juventud, una porción del territorio cubano adonde llegaron por primera vez en 1979.

José Armando Estrella tenía cuando entonces 11 años de edad, hoy es reportero y editor de la sección de Economía del diario Jornal de Angola; para él la celebración es un homenaje a Fidel Castro y Agostinho Neto.

‘Neto, nuestro primer presidente y líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola, había dicho que la nación necesitaba con urgencia preparar a su juventud, y fue Fidel, la Revolución cubana, la que nos abrió las puertas en una magnitud muy superior a la de cualquier otro país’, contó el colega a Prensa Latina.

Estrella formó parte del segundo contingente de alumnos llegados a la isla, ‘fue el más grande, éramos más de dos mil; la forma de enseñanza en la beca era igual a la de los cubanos, dábamos clases y en la otra sección del día hacíamos labores productivas en el campo’.

‘Recuerdo al campesino Juan, andaba a caballo recorriendo los sembrados para que las cosas se hicieran bien, y uno, muchacho al fin como se dice en Cuba, inventando trastadas; son cosas hermosas de nuestra infancia’, contó el entrevistado.

Para conmemorar el aniversario 40, los integrantes de la Asociación de Exestudiantes Angoleños en Cuba pensaron hasta en los detalles: mandaron a confeccionar uniformes escolares con blusas de azul claro y sallas oscuras del mismo color, a semejanza de las que usaban en la mayor de las Antillas.

Con esa vestimenta, ahora un grupo de jovencitas dio la bienvenida a todos los que llegaron al lugar del encuentro, entre ellos la embajadora Esther Armenteros y otros miembros de la misión diplomática cubana.

Iniciada la fiesta, de pronto se armó tremendo revuelo, era otra sorpresa: los organizadores habían pedido que trajeran de Cuba gaceñigas y masarreales, dos modestos dulces, con los cuales solían desayunar o merendar en la beca y que ahora en un abrir y cerrar de ojos se agotaron.

‘Cuando nos sentimos amados por lo que somos, y no por lo tenemos, no existe alegría más grande’, resumió el texto del convite, celebrado en el complejo Paz Flor en el municipio Futungo de Belas, en la provincia de Luanda.

Muchos miembros de la asociación mantienen frecuente contacto personal pues viven en esta ciudad, pero otros tantos viajaron a la capital solo para asistir a la conmemoración, en la que hubo palabras de recuerdo para los compañeros fallecidos.

Como la música cubana también caló hondo en sus vidas, la mejor manera para el recordatorio fue invitar al popular cantante Pedrito Calvo, quien interpretó parte del repertorio de la orquesta Los Van Van, una de las más emblemáticas agrupaciones de aquella nación caribeña.