África, la cultura más antigua del mundo

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El hombre moderno dispuso de mucho tiempo para crear su cultura desde que apareció como homo sapiens en África hace entre 300 mil y 350 mil años, según el último hallazgo de homínidos en abril pasado en Marruecos.

Ese reciente descubrimiento sobre nuestro antepasado más remoto rectifica el país y la fecha de origen fijado por un anterior hallazgo, que lo ubicaba 195 mil años atrás en Etiopía, pero nadie discute que África fue donde surgió y comenzó a crear la cultura que hoy habita nuestros sentidos y enriquece nuestro entendimiento.

Así, como la cultura es tan vieja como la misma especie, extendida luego desde aquel continente hacia el resto del mundo, muchos asocian con ella sobre todo a su música, y por eso los ritmos africanos devienen para la modernidad entre las más populares de aquellas creaciones, pese al desarrollo allí de la literatura y las artes plásticas.

Pero las primeras expresiones artísticas del continente fueron los petroglifos o trabajos lineales tallados en roca unos 10 mil años a.n.e. durante el período Neolítico por cazadores y recolectores de la Prehistoria.

La expansión del homo sapiens alrededor del globo terráqueo tras evolucionar la especie en el llamado continente negro implicó la difusión de aquella cultura alrededor de Asia y Europa, pero ya la ciencia acepta que eso mismo ocurrió con América, incluso antes del arribo europeo al nuevo continente.

Estudios recientes sobre objetos antiguos encontrados en América develan características exclusivas del físico de los africanos, por lo que se estima que representantes de aquellas culturas negras estuvieron en América mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón.

De acuerdo con el historiador y antropólogo afro-estadounidense Runoko Rashidi, la identificación de esa presencia en América se basa sobre todo en la gran similitud de las enormes piedras con forma de cabezas pertenecientes a la cultura Olmeca de México, cuyos rostros tienen rasgos únicos del hombre negro.

Otras pruebas de la expansión cultural africana se localizan en Sudamérica, en particular en Perú, donde una civilización antigua anterior a los incas, conocida como moche o mochica, produjo figuras con evidencia negroide.

LOS TAMBORES LLAMAN DESDE ÁFRICA

Desde los albores de esa cultura africana tan antigua, los tambores percuten en nuestra conciencia rítmica como un recuerdo tan viejo como el hombre que surgió allí, pobló las demás regiones e integró su percusión mediante el cuero y la madera a todas las músicas del planeta.

Esos medios de percusión, los más tradicionales y usados de los instrumentos africanos junto a la flauta, el laúd, la trompeta y las campanillas, se impusieron en la historia de la música universal hasta el punto de que son escasos hoy día los intérpretes que excluyen dichos recursos para crear sonidos armónicos, melódicos y rítmicos.

Los instrumentos de percusión fabricados del cuero de animales y los de cuerdas de fibras de igual origen se aliaron para viajar una y otra vez desde África hacia el resto del mundo y viceversa, en la creación de ritmos que se amalgamaron y viajaron junto a otras expresiones humanas como la religión y las lenguas, dos pilares básicos de difusión cultural.

Tantos viajes de ida y vuelta recrearon (y aún recrean) las músicas originarias de aquella región y tomaron mesurada distancia de raíces como los ritmos indígenas y danzas transmitidos por vía tradicional, con diferencias entre el norte y el sur de la región y signadas por matices idiomáticos que se incorporaron a sus melodías.

Lo anterior significa que, como muchos de los idiomas originarios comprenden tonos cuyo nivel de sonido determina sus distintos significados, ese recurso lingüístico y sonoro se integró como un componente más a las músicas y ritmos africanos.

RITMOS Y DANZAS PARA LA COMUNICACIÃ’N

Los ritmos y danzas devinieron importante forma de comunicación, mediante el empleo por los bailarines con ese fin de gestos, máscaras, trajes, pintura corporal y otros medios visuales y creaciones que también devinieron expresiones artísticas por sí mismas.

Algunas de esas formas músico-danzarias nacieron asociadas a momentos tradicionales de la cotidianidad, como aquel cuando se pone el Sol (más o menos a las 6:30 p.m.) y en muchas comunidades africanas se interpreta un ritual bailable llamado ‘Shapare’, mediante instrumentos como el bongo, la trompeta y el tambor.

Los especialistas describen que esas proyecciones escénicas tradicionales y rituales mediante danzas de individuos solos o en grupos, integrados a veces exclusivamente por dos o tres personas, constan de movimientos básicos que suelen ser simples y concentrados en movimientos del cuerpo, el torso y los pies.

En la propagación (y a veces en la formación) de esa cultura, como decíamos, tuvieron mucho que ver las lenguas africanas (unas mil 300 para algunos expertos y hasta dos mil 100 para otros), en un magnífico y diverso mosaico étnico, cultural y lingüístico.

Esos códigos de comunicación humana se relacionan con las principales migraciones y expansiones de los pueblos durante el Neolítico reciente, mediante grupos lingüísticos principales encabezados por las lenguas Níger-Congo.

LA CULTURA VIAJA JUNTO A LA RELIGIÃ’N

Otro vital difusor cultural africano es la amplia variedad de creencias religiosas, lideradas por el Cristianismo (46,3 por ciento de la población) y el Islamismo (40,5), confesiones seguidas por cultos indígenas (11,8 por ciento) y un pequeño número de confesos del hinduismo o la tradición judaica.

Es difícil encontrar un lugar de África donde no vivan algunos de los más de 290 millones de seguidores con que cuenta el Islam en esa región, y algo parecido ocurre con el cristianismo, llevado en el siglo XV a la parte tropical del continente y hoy día con 350 millones de practicantes africanos.

Pero la mayoría de la población continental profesa las religiones o cultos nativos que el resto del mundo conoce con el impreciso y tal vez inexacto término de ‘animistas’, porque algunos fieles profesan creencias hacia objetos animados o inanimados, pero para ellos habitados por espíritus.

Religiones y cultos tradicionales, que, por cierto, se extendieron por el mundo con una inusitada fuerza que llega a nuestros días, como es el caso de la santería o Regla de Osha-Ifá, conjunto de sistemas religiosos que funde creencias católicas con la cultura tradicional yoruba, de fuerte presencia en América.

Otro hito histórico que influyó en la cultura africana fue la colonización de conquistadores procedentes de Europa, sobre todo de naciones que devinieron potencias emergentes por su desarrollo industrial y cultural, que de cierta forma inyectaron en la región junto con la explotación económica de sus recursos.

Estados como Reino Unido, Portugal, Alemania, Francia, Bélgica, Italia y España invadieron el continente apenas tuvieron los barcos y técnicas de navegación necesarios para llegar a sus costas, practicaron allí el conocido reparto colonial de territorios y dejaron huellas culturales como sus respectivas lenguas, que a veces devinieron idioma oficial.

Sobre el momento histórico en que comenzó a fomentarse la cultura como la entendemos hoy, algunos investigadores aseguran que fue durante el régimen esclavista, surgido también en África, cuando también se desarrollaron otras formas de la conciencia social como el pensamiento religioso.