África defiende raíces genuinas del Afropunk

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Por Antonio Paneque Brizuela
El festival de Estados Unidos Afropunk trasladó consigo, al dar hace poco el ”salto Atlántico” hacia África, muchas de las infidelidades étnicas y raciales que niegan hoy las raíces auténticas con las cuales surgió hace una década.

Primero en Sudáfrica en diciembre pasado y luego en Senegal este junio, el evento afroamericano celebrado desde 2005 en el barrio neoyorkino de Brooklyn, e inspirado en el documental homónimo de 2003 dirigido por el cineasta James Spooner, se llevó a esa región sus contradicciones sobre lo que algunos llaman ‘la otra experiencia negra’.

Johannesburgo y luego Dakar fueron escenarios para que muchos de los participantes del ahora festival intercontinental (antes se efectuó en Francia) conciliaran una suerte de ‘evento teórico’ fuera de agenda, devenido en escenario crítico sobre esas grietas de la cita.

Los participantes criticaron las irregularidades de esta celebración artística que abarca en realidad todas las etnias y combina música, cine, artes visuales, narración de cuentos y otras formas de expresión.

Pero fue en la capital senegalesa, primera edición en territorio de África occidental, donde algunos medios, sobre todo locales y regionales, expresaron más diatribas contra la violación de los principios genuinos de este espectáculo multicultural, otrora defensor de la diversidad.

Desde la misma entrada al capitalino hotel Sokhamon donde se celebró el Festival, los letreros inscriptos en los muros delataron los puntos rechazables de estos encuentros: ‘No a la xenofobia’, ‘No al sexismo’, ‘No a la homofobia’.

‘Es difícil evitar preguntarnos si (esos mensajes) consisten en algo más que meros eslóganes para alimentar el espíritu alternativo de los asistentes’, comentó en la publicación afribuki la experta española en temas africanos Angela Rodríguez Perea, quien se respondió a través de participantes como el censurado músico togolés de hip hop Elom 20ce.

‘Somos nosotros, los artistas que defendemos causas contra el racismo, la xenofobia y otras formas de exclusión quienes debemos tomar estos espacios para insuflar eso que la gente dice que falta en un festival como Afropunk’.

Pero estos no son los únicos protagonistas con críticas sobre el giro en Dakar del Afropunk, creado por Spooner, quien abandonó el festival después de su edición de 2008, y por el músico Matthew Morgan, presente este junio en la edición senegalesa.

‘Mucha gente atribuye a la salida de Spooner el cambio de rumbo de Afropunk que, de, un encuentro gratuito para toda esa comunidad negra minoritaria de círculos punk y músicas alternativas, se transformó en una especie de franquicia exportable, con billetes poco asequibles y una programación nada insurrecta’, asegura Rodríguez Perea.

El conocido músico nigeriano Keziah Jones, por su parte, parece aludir también a la afirmación de la periodista ibérica respecto a que ‘la crítica principal que recibe Afropunk es la de haberse convertido en un evento ‘mainstream’, muy alejado de sus orígenes’, cuando transmite su testimonio respecto a este Festival:

‘Yo conocí a Afropunk hace unos 13 años en Brooklyn, cuando era un sitio donde se juntaban punks negros y tipos así. Conozco a Morgan de esa época. Con el tiempo han tenido que llegar a compromisos, supongo que es algo natural’, asegura Jones.

El punk, también llamado punk rock, es un género surgido a mediados de 1970 dentro del rock y caracterizado desde entonces por su actitud independiente y contracultural.

Desde sus inicios, su música fue muy simple, cruda y a veces desenfadada, aunque con melodías agresivas, de corta duración, guitarras amplificadas y sonidos poco controlados, ruidosos y cargados de distorsión, mediante pocos arreglos e instrumentos y, por lo general, signados por compases y tempos rápidos.