A la caza de la elusiva Nefertiti

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nefertitiPor Manuel Vazquez

A pesar de los esfuerzos de los arqueólogos, sobre la antigua civilización egipcia aún se desconocen numerosos hechos, pues el paso del tiempo y la acción humana depredadora, provocaron la pérdida de artefactos faraónicos.

Por ello, la mera esperanza de encontrar nuevos restos de aquella cultura, y más si se trata de la momia de la cinematográfica reina Nefertiti, basta para desatar la imaginación colectiva y, de paso, estimular el deprimido turismo en el Egipto de inicios del siglo XXI. Así, no es de extrañar el revuelo mediático en torno a la reciente hipótesis del egiptólogo británico Nicholas Reeves, quien plantea que el sepulcro, intacto, de Nefertiti pudiera hallarse tras las paredes de la cámara mortuoria del faraón Tutankamón.

Para comprobar la idea de Reeves, el ministerio de Antigüedades de Egipto, con la colaboración de expertos foráneos, procedió durante varios días en noviembre de 2015 al escaneo del sepulcro del llamado Rey Niño con modernas tecnologías, como la termografía y, sobre todo, el sondeo con radar.

En conferencia de prensa el ministro Mamdouh Eldamaty reveló que los datos preliminares sugieren con un 90 por ciento de certeza la existencia de un espacio «vacío» oculto tras la pared norte de la tumba de Tutankamón.

Por su parte, el investigador japonés Hiroaki Watanabe, encargado de los trabajos con el radar, elevó esa cifra de esperanza en declaraciones a Prensa Latina hasta casi un 100 por ciento.

NEFERTITIâ�� O ¿QUIEN SABE?

Los primeros resultados anunciados por Eldamaty, Reeves y Watanabe dejaron por ahora más interrogantes que respuestas, y a los reporteros sin mucho concreto de lo cual escribir, aunque alimentaron esperanzas en todos.

Imaginarse lo que realmente ocultan las paredes de la tumba de Tutankamón (de existir algo), a falta de más datos, sólo puede hacerse basándose en conocimientos históricos y comparaciones con otras tumbas del Valle de los Reyes del mismo periodo.

Por ejemplo, el cercano sepulcro de Horemheb, último faraón de la 18 dinastía, está claramente sin terminar.

Evidentemente hubo tiempo para abrir la profunda galería completa, con todas sus cámaras, incluso el llamado foso de Osiris, concebido, según algunos, como una barrera contra los ladrones.

Sin embargo, la decoración de sus paredes fue interrumpida de manera abrupta, lo cual apunta a que el deceso del Rey fue más rápido que las manos de los artistas.

En el caso de la tumba de Tutankamón pudo haber ocurrido algo similar.

Acorde a ese razonamiento, ante el prematuro -e imprevisto- deceso del monarca, los trabajadores funerarios, quienes disponían de solo 72 días para culminar su obra, excavaron una tumba de forma apresurada.

Para no dejarla inacabada en su decoración, cerraron la hipotética cámara final dedicándose a terminar sólo parte del diseño original.

De ser cierta esta idea, únicamente cabe esperar una habitación vacía o llena de escombros.

También es posible que Reeves tenga parcialmente la razón, y el sepulcro perteneciera originalmente a algún faraón previo, adaptado para alojar al Rey Niño.

Según los especialistas, los candidatos a ocupar ese recinto mortuorio, que hubiera quedado sellado tras el féretro de Tutankamón, pueden ser la reina Meritatón (hija y mujer del faraón Akenatón) o la madre de Tut, Kiya.

Finalmente, también entra dentro de las posibilidades, como caso particular de la hipótesis anterior, que allí se encuentren los restos de Nefertiti, algo que, según Eldamaty, sería el descubrimiento arqueológico del siglo XXI.

En tanto, en medio de reportes parciales -que recuerdan las técnicas de los guionistas de telenovelas para mantener la atención-, potenciales turistas y especialistas de todo el mundo, se mantienen en vilo para saber si, finalmente, se podrán ver los consumidos y ennegrecidos restos de quien fuera «la más bella» de su tiempo.